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de α a Ω

Salí de ahí y llegué allí, ocho días después. A lo largo de ellos sucedieron, compartí, sentí y todas esas cosas propias de este  tipo de viajes. Pero eso queda para contarlo con la pausa debida, que llegará. Mientras tanto, el alfa y el omega del asunto.
De Cercedilla a Santiago de Compostela.
Por la vena.


el viaje y la huida

Discernir entre viaje y huida parece tarea ardua. A veces la construcción está tan bien hecha que el sesgo huida no aparece visible si no es bajo una atenta observación. La observación, desde donde es menos frecuente, es desde el propio sujeto afectado. He conocido gente muy viajera a la cual, si alguien les insinuara que lleva toda su vida en realidad huyendo, pondría el grito en el cielo o caería en el más profundo abatimiento. En la huida disfrazada de viaje va implícita la inconsciencia de la primera y el trampantojo del segundo. Ser consciente del escapismo travestido de Marco Polo acarrea una serie de problemas que normalmente el ser humano no está por la labor de afrontar. La huida suele ser interminable y anarmónica y posee un sustrato de insatisfacción que no desaparece con ella. Amaina, pero no se extingue. No es que no pueda procurar momentos de asueto y regocijo, que los procura, pero el asunto sosegado le es esquivo. Uno puede creer que ha viajado por todo el mundo y, en realidad, ha huido por todos los lugares posibles de, probablemente, uno muy pequeño, quizás de topónimo familiar.
Así me reflexionaba, como me cenaba, la otra noche -cena indecente, como la comida, por cierto-. Y así conversaba tras llegar al día siguiente a casa, telefónicamente, con quien sabe que huye, como yo. 
Mis viajes han tenido siempre una pincelada de huida más o menos acusada porque servidor es un fugitivo disfrazado de, y a veces sin disfraz, que para qué. En épocas han sido menos huida y más viaje y en otras al revés. A día de hoy están en una proporción razonable. Hoy abordaré el último que hice, de principios de esta semana, donde la huida era palpable. También el viaje, psicotropía incluida. Voy a ello:

Aquella ruta que quedó inconclusa hace casi dos años, esta vez quedó finalizada y bien finalizada. Por orden cronológico y fotográfico: empecé el lunes yendo a Murcia en el cercanías; seguí haciendo acopio de Kcal al mediodía en uno de mis santuarios gastronómicos; a la caída del sol nos tomamos nuestros preceptivos quintos frente a la mota del río; al día siguiente, día de autos, salí con G. a las 6 a.m. y antes de las 9 ya estábamos desayunando en Mula -foto de las dos bicis-; de ahí en adelante seguí solo, que G. tenía que trabajar y regresó a la urbe, de modo que Bullas, Cehegín y el destino final, Caravaca, donde pernocté por 11€ en la antigua estación de ferrocarriles, final de la vía. La siguiente foto es de la partida, sobre las 7 a.m., de regreso a Murcia. La última, en Mula, desayunando.
A la vuelta me salí todo lo que pude de la vía verde, usando carreteras, vías de servicio y sendas. Hay una cara B en esta vía, casi más interesante que la A, como suele ocurrir. Si Murcia, la provincia entera, me parece una mina de ultramodernidad y esperpento, el interior de la misma alcanza cotas insuperables. Esas cotas buscaba, y hallé, en el regreso, saliéndome del camino trazado. Pero de ellas no guardo foto ni tengo ganas de glosa.











rodar en julio

Sólo consigo hacer una o dos fotos cuando salgo, pues el móvil anda con febrícula. La última vez fueron dos días con la Sra Pepita de por medio, a la limón Primera Teniente de Alcalde y Concejala de Tercera Edad, Educación, Cultura y Fiestas de La Torre de les Maçanes. Hela aquí.

La ida, el lunes pasado; la vuelta, el martes. La ida, una calamidad: llegué pasada la una del medio día al borde del colapso. La vuelta, rigurosa: a las diez ya estaba en Campello. Hay que madrugar. Mucho. E intentar cometer el menor número de errores logísticos.
Conseguí regresar por donde llegué, cosa que no había hecho antes. El descenso es de aúpa. En mente, para futuras incursiones en la zona, incluir Relleu y algunos ramales con los que me cruzo.
La primera foto, del amanecer desde la cocina del albergue para peregrinos. La segunda, del paso natural de la Serra Grana. Precioso. Del primer día no hay registro fotográfico.

Sigo la ruta trazada hace una año. Los límites serán los que el físico imponga de manera innegociable.


Alicante-Valencia IV: regreso y conclusiones

En el tren de media distancia que une Valencia con Alicante, de regreso esta madrugada. Se pagan 3 € por bici adicionales al billete si el trayecto es superior a los 100 km. Fascinante criterio... El tren, muy cómodo, eso sí. Acabarán desapareciendo y dejando el reinado y monopolio a todos los relacionados con la alta velocidad y la modernidad cateta. Y entonces veremos qué hacemos con las bicis. Ahora mismo ya sólo quedan dos al día entre Alicante y Valencia.
Algunas conclusiones en voz alta:
* Rey, reyes del aposteriorismo, si existiese como antónimo del apriorismo. ¿Cómo es posible que haya tardado tanto en retomar algo esencial en mi vida? Pregunta retórica que sólo nace a posteriori. Como tantas otras. Cuestión de dónde ponemos la atención. A veces se nos desvía.
* Para hacer lo que quiero hacer sigo sin estar en forma. Una cosa es una ruta de un día y otra es enlazar varios y llevar peso.
* El peso: no erré en mi equipaje. Erré en llevarlo todo a la espalda. El transportín me acompañará en otra ocasión.
* La edad, las lesiones y los límites: pues muy bien, mire vd, mejor de lo que pensaba. Hay un factor limitante en mi caso claro: la rodilla izquierda. Todo lo demás es trabajable y está casi en su sitio. La rodilla va a marcar el límite. Se verá.
* El viaje como elemento no cerrado. Me lo planteé así desde su génesis y fue un acierto. No sólo quería volver a salir en bici varios días; también quería ser capaz de irme sin tenerlo todo atado. Sólo sabía con certeza que el jueves a esta hora tenía que estar donde estoy ahora. Lo demás era un puro let it flow. Y fluyó de maravilla.
* El descanso como elemento esencial. La ducha, la cama, las horas de reposo. En mi caso no es comodidad. Puedo llegar a ser de una austeridad muy elevada, pero en trances de este pelaje, mi cuerpo necesita reposo y cuidados. De modo que eso es algo a tener en cuenta.
* Lo barato es barato. Y lo bueno, bueno y caro. Estrené varios adminículos -otro día lo abordo- y una cubierta y resultaron ser una maravilla. No los compré a precio de marfil pero baratos no fueron.
* Luego sigo...


* Sigo, unos días después, y acabo: la atención requiere concentración. La alta velocidad genera una inercia demasiado elevada. 

Alicante-Valencia III: Ruṣāfa

Como en otras ocasiones, empezaré por subir las fotos y luego escribiré el texto.
Barrio de Russafa en puridad, mercado incluido. Lo tenía claro cuando decidí llegar a la capital del reino.


























Alicante-Valencia II: el cambio de provincia

Las primeras: el amanecer en el albergue de Torremanzanas, desde la galería de la cocina. El descanso había sido escaso y de poca calidad por mor de mi cena pantagruélica de ayer y posterior ingreso en piltra separados por una escasa hora. Súmesele los dolores propios del día anterior, los que uno trae de la cocina, las lesiones sempiternas y los más de veinticinco grados que se alcanzaron a lo largo de la ruta -casi 70 km- y el resultado no hay que desvelarlo. Día muy duro; tanto como espectacular. Crucé de una provincia a otra, de una geografía a otra, de una orografía a otra, de un paisaje a otro. No sé cuántos puertos hice hoy, pero muchos. En cada uno de ellos el paso natural fue brutalmente bello. Pero el que más, el del cambio de provincia.
El cartel de la papelería me enamoró; paré sólo por él y por el destinatario de la fotografía -D-. Y la montaña fotografiada varias veces es un tótem: el pico de Benicadell, junto a Beniarrés, de donde es la papelería, que me mantuvo hipnotizado mientras pedaleaba a su lado.
En el Capri paré a hacerme un dry Martini, porque uno veranea donde le da la gana y yo lo hago en Capri. La realidad: Aquarius y plegaria -quedaban 13 km- pero me pareció tan surrealista que cómo no reponer fuerzas en él.
El café último es el final de la comida, ya en Xàtiva, donde Alf. me esperaba paciente y amorosamente. Y el balcón es el de su casa. Enorme gratitud.
La palabra alquería, por cierto, he de reconocer que no sabía qué significaba.














Alicante-Valencia I: la Señora Pepita

De Alicante a Torremanzanas con la Lapierre y ánimo de seguir varios días más sin saber a ciencia cierta adónde. Recuperación de uno de los sentidos del viaje antiguo.
Alicante-Campello-Busot-Cuevas de Canelobre-Camino del espino-Torremanzanas. Aquí hay un wikiloc con una altimetría que da una idea de la magnitud. La había hecho una vez antes, pero mal, sufriendo demasiado. Ese sufrimiento me dio lugar, eso sí, a pernoctar en Torremanzanas en el albergue de peregrinos del Camino de Santiago. Las llaves del albergue, en poder de la Sra. Pepita.
Unos kilómetros que esta vez no fueron mucho mejor que la anterior, sinceramente. Por el camino, un águila, conejos, codorniz, ardilla y ni rastro de lagartijas.
Los barcos varados en tierra firme y medio desvencijados, una de mis imágenes predilectas. Se hallan antes de cruzar por encima de la A-7, a la salida de Campello. El que más me gusta, el del fondo, del que sólo hay la estructura somera.
El Camino del espino discurre todo el tiempo con el Cabeçó d'Or a la derecha, el Maigmó a la izquierda, Monnegre en medio y las paredes de la sierra de la Grana que habrá que salvar. Mi cámara no da mucho más de sí, de modo que puedo retratar lo que puedo. La visión impacta, la verdad. Cuando estás en el tramo superior y se vislumbra el mar al fondo, un escalofrío te acecha. Y cuando haces el paso natural por la sierra de la Grana y dejas a tu espalda el mar, una sensación de determinación antigua recorre tu memoria. El descenso al pueblo, ya asfaltado, es de vértigo. Nunca lo he hecho en dirección inversa, pero ha de ser de pico y pala.
Abajo del todo, el albergue de peregrinos y el club social en los bajos del ayuntamiento donde suele estar la Señora Pepita jugando su partida de naipes a la hora que yo llegué -19.30 aprox- y se le recogen las llaves. Y el último plato de la cena -que al día siguiente me iba a costar un disgusto- y los apuntes para la jornada del martes. Errores de novato que no hace rutas de varios días desde hace demasiados años.