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la belleza carece de piedad

Ruta completa. Reto, buen día, muchos homenajes implícitos y explícitos, soledad y compañía.
Nunca había hecho tanto tiempo -ni tanto ni tan poco- en la nieve. Horas empujando la bici sobre una nieve casi virgen.
Seis horas dándolo todo hasta llegar a Segovia. Sería algo así como: Cercedilla-antiguo apeadero de Camorritos-GR10 hasta cima del puerto de la Fuenfría-camino de Santiago hasta Segovia.
Camorritos: otro Ozymandias. 
Hoy posé, cosa inusual en mí, en el paso natural entre provincias.
Bajando a Segovia, ya sin nieve, pradera de por medio, hostia de rigor creyéndome piel roja. Nada grave salvo el decoro. Concomitancias con otras ocasiones -patios, viandas (merienda a tres vuelcos), recuerdos-. Y de vuelta, el regional de las 20.50.
Le dediqué mentalmente a V de Vendetta la ruta antes de que ella lo supiera. Bien que me acompañó.
Parece ser que la Luna está hoy con Júpiter. Me parece bien.


































disco song

Tras meses sin hacer ruta larga, hoy Fx y yo nos hemos lanzado a una empresa mayor, tan mayor que nos ha tocado corregirla por el camino. Corregir sobre la marcha, esa virtud. Ya llegará el momento de las grandes cabalgadas, cuando el cuerpo coja un poco más de fondo. Tampoco ha estado nada mal lo de hoy, unos 75 km, con subida hasta Castalla de por medio y bajada por la vía verde del Maigmó. Sólo un pero: la hostia que un servidor se ha metido en uno de los puentes de la vía, que le ha dejado la mano izquierda con unos cuantos gramos menos de carne... Nada grave; en todo caso será recordado con risas en el futuro. Como el accidente ha sido provocado por, entre otras cosas, el freno de disco, me he pasado buena parte del descenso recordando aquella disco song del inefable Jarvis. Esta tarde he vuelto a ella. Qué buena, por dios.
Por orden cronológico:













los equilibrios

Estreno categoría: hostias. Pues sí, este domingo me estrené. Me salvó que la velocidad no era elevada y que los guantes hicieron magníficamente su papel -otro día hablaré de ellos-. A eso de las cuatro de la tarde, aproximadamente, besé el suelo en esta bajada entre Aigües y El Campello -la bici, tal como quedó-:


Antes había subido la cuesta de la viuda mejor que nunca, usando dos piñones menos y haciendo el tramo final de pie sobre la bici.
Tras la hostia, baño sanador en la playa desierta.




Y, por primera vez en mi vida ciclista, regresar por la misma cuesta de la viuda, del otro lado, del lado no asfaltado. Sorprendentemente para mí, lo subí sin demasiado esfuerzo, salvo un tramo pequeño que tuve que hacer a pie porque no había manera de mantenerse en equilibrio. Las fotos desde lo alto de la cuesta, de regreso, delatan la tarde venciéndose.



Recordé mientras ingresaba de nuevo en la urbe aquello de que ya podemos bañarnos en noviembre: era día 2 de dicho mes. La tonada me acompañó en el asfalto.
El domingo acabó con película en casa. Difícil de gestionar mejor la tarde por antonomasia.