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épica de la ensalada

Dado un coeficiente que viniera definido por una fracción cuyo numerador contemplara la dificultad de una ruta terminada, y cuyo denominador albergara el grado de calamidad personal con el que uno afronta la citada ruta, la de ayer sería, sin duda, mi ruta más dura terminada en peores condiciones de partida. La de mayor coeficiente, diríamos.
La ruta está aquí, unos 105 km con algo más de 2600 m de desnivel acumulado de subida, calculo según esto.
La calamidad venía del domingo, de otra ruta, esta vez a pie, que me tenía para haber estado dos días más en el dique seco. Pero los planes son así y las estancias cortas mandan en el calendario.
Salí del mismo sitio que la vez anterior, esta vez con montura de carretera, una magnífica Trek de aluminio que se comportó estupendamente, también de bike4walk. Me subí al Parque del Teide como malamente pude y cuando pensé que las lanzas estaban vencidas, me vi llegando. Crucé el parque,un espacio sideral estupefaciente, y bajé, no sin antes volver a subir nada más dejar el Parque, por Vilaflor y Granadilla, un espectáculo de bajada que me llevó al aeropuerto del sur al que entré, a lo grande, por la autovía, pues no hay otra forma. Allí cogí un bus que me devolvió a casa.
En particular, Izaña y El portillo fueron las claves que me hicieron seguir. En general, el triunfo de la voluntad, algo que requiere de cabeza disponible.
Por orden cronológico:














Anaga

Desde su llegada la noche de antes a Ratones de biblioteca hasta una tramo de la península de Anaga, pasando por la cafeína rigurosa, una de las rutas medias más bonitas. La laurisilva atrapa como un psicotrópico.
La bici se la alquilé a J., de bike4walk, que la trajo la noche anterior y la recogió también al día siguiente. Impecable a un precio razonable.
Ejerció de magnífico maestro de ceremonias H., con el cual todo se hizo más fácil.












los santuarios

Al bar al que me voy a referir llegué con unos boquerones frescos, pasada la una de la madrugada, que fueron guardados en la misma cámara de donde salieron los quintos de Estrella de Levante que ingerimos. Cuando me fui, humo ya de por medio en el interior de local por mor de su propietario, me llevé una ruta en la cabeza. Quien me la contó, el del humo, sumamos paradojas, las hace a pie. Yo me fui hasta Onil con la bici en el coche y de ahí empecé; ese día todo iba retrasado, que el sueño es lo que tiene. De Onil a Biar por una carretera magnífica por donde no pasa casi nadie (CV-802 y 799) y además hay un buen tramo de carril bici. Desvío antes de llegar a Biar a la derecha hacia el santuario de Nuestra Señora de Gracia y de ahí en adelante el PR-V 55 y sus estribaciones
En total fueron 49 km, de los cuales unos 30 estuve metido en harina hasta las cejas. Acabé cerca de las 2, hora francamente mala para estos menesteres que narro. Buena parte del tiempo estuve trepando cimas, tirando de la bici como buenamente podía, pero mereció la pena. El del humo sabía lo que decía. Volveré, que hay allí un enjambre por descubrir.
De ese día tengo sólo tres imágenes; la primera, del lugar de partida del PR, el santuario. La otras dos, metido ya en harina con la frondosa pinada a mis pies, por decirlo de algún modo.
Tuve regresiones a mi infancia y adolescencia, donde Biar tiene una presencia indeleble. Qué cosas, enlazar el humo, los boquerones, la música y la infancia.




Alicante-Valencia III: Ruṣāfa

Como en otras ocasiones, empezaré por subir las fotos y luego escribiré el texto.
Barrio de Russafa en puridad, mercado incluido. Lo tenía claro cuando decidí llegar a la capital del reino.


























El Garruchal y la semilla de la Oryza sativa

Aproximadamente un año después volvimos a tierras murcianas e hicimos una juntos los cuatro jinetes. Esta vez G. preparó la ruta, excelente, por cierto. Incluimos una parada a comer en un lugar mítico donde pudimos degustar el que probablemente haya sido el peor arroz que he tomado en mi vida. Pero no faltó el humor. 
Volver al puerto de El Garruchal me produjo tanta alegría como nostalgia.
Las fotos, en orden cronológico. El pinchazo, de Fx, también un año después. El equipo de música empotrado y la colección de perolas arrumbadas en el lugar donde nos guardaron amablemente las bicis, cosas de la murcianía, una unidad de destino en lo universal...