Mis allegados me hacen llegar guiños ciclistas, sabedores de lo mío que se convierte en lo nuestro.
Esta es de la misma Italia, Greve in Chianti en concreto, de este 26 de septiembre pasado, lunes, a las 16:34 horas, y me ha llegado hoy mismo de la cómplice mano de Rg.
Te levantas y llueve. Y te vuelves a levantar y hace sol. Y una vez es una ciudad y otra es otra. Y frente a tu puerta crecen bicicletas con el mismo color y el mismo nombre. Unas con su sombra, otras con sus gotas de agua.
Al regresar al pueblo me comí un bocadillo al sol. No pude tener mejor compañero que la antigua construcción ligada a la llegada del ferrocarril a la zona. Nothing besides remains, me vino automáticamente.
Después, un café -con leche y coñac- en uno de mis bares preferidos con una entrada de luz espectacular. Hoy lunes, Mr Schmid, enfrente, estaba cerrado. Lástima.
Y la ultima escena es el desbrozado de la montura, hasta arriba de barro.
Suena un tema antiguo ya en mi memoria emocional, Elephant gun, y ha anochecido.
La poesía quizá no sea gran cosa, pero más dura es aún la intemperie sin los versos, apunta Margarit. No sé yo, Joan. Intemperies.