Mostrando entradas con la etiqueta más bicis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta más bicis. Mostrar todas las entradas

Peter Peregrinus de Maricourt

Te levantas y llueve. Y te vuelves a levantar y hace sol. Y una vez es una ciudad y otra es otra. Y frente a tu  puerta crecen bicicletas con el mismo color y el mismo nombre. Unas con su sombra, otras con sus gotas de agua.
No sólo las brújulas se imantan.







de ondas y cuerpos

[A veces sucede que unas veces onda y otras corpúsculo. De modo que esta entrada nació aquí, pero también pertenece a este cuaderno. Y así ocurre, unos días después de su génesis. No me canso de escuchar el tema ni de ver su foto, la de él -Paul- y ella -la bici-. Lleva punteras en los pedales. Como yo.]

Otros que tal. Y es que lo de Paul es de traca. De pub en pub con la bici con mi misma edad. Tranquilizador.
Heaton's first Pedals and Pumps solo tour was in 2010. After noticing that a pub he'd often cycled to near Macclesfield had closed, "I thought it'd be great to do a tour of Cheshire to save the pubs. Then I thought, 'Why not extend it?'" That first tour was 900 miles. "My mum keeps saying, 'You're too big for pubs!' But who's too big for pubs? When monkeys rule the Earth, all the arenas will be deserted or burned down, but the pubs will be open. I can't remember any of the big shows I did with The Beautiful South, but I remember every single one of the gigs on this tour, even the names of the landlords and landladies."
Completita, aquí.

heatonJamesBoardman.jpg

punto medio

El lugar ya apareció aquí hace unos meses, pero de día. De noche esas calles siguen albergando sorpresas ciclistas, aunque sea la hora de cierre -4 a.m.- en el ecuador de agosto y sábado. La primera es mía; la segunda, de Carlos Coloma.



humedad relativa

El verano, que se prometía tranquilo, se tornó tempestuoso por mor de la humedad relativa, ese intangible que todo lo gobierna y todo lo influye.


La primera es de cómo uno trasporta como puede, valgan las metáforas. Flores para mamá, sin metáforas. La foto de J. V. que por allí pasaba.
La segunda, de cómo algunos consiguen lo que yo no: meter su bici en el mercado central de Alicante y hacer la compra con ella. Coincidimos en el mismo puesto. De Alemania vino en ella, me dijo el verdulero. Un solo plato y tres o cuatro piñones. Quería venir en bici el hombre y ya está. Querer.
La tercera es de P., con el que coincido a menudo a las puertas del templo. Junto con la Zeus, es la única que queda con asiduidad por estas calles de aquellos años. Quedaba una más, pero al pobretico mío se la robaron hace poco y él se quedó sin bici y yo sin fotografía.
La última, con el objeto del delito por montera. El vaso de los mojitos del último caballero Jedi.




el ruido silencioso

A Pepe Bote, que así lo llamamos con cariño, le dio por cambiar un día los índices monetarios por las luces escénicas y pasó de estudiar en una facultad de económicas a la escuela de arte dramático, así, sin dramas ni aspavientos. Sacó su carrera de forma brillante y se puso a dirigir, a escribir, a actuar y a vestirse de huertana de cuando en cuando. Pepe es un tipo que no hace ruido; en realidad, no, pienso mientras escribo. Pepe es un tipo que hace un ruido sólo audible por determinados oídos, sería mejor decirlo así. Entre esos ruidos estuvo el que tuve la suerte de presenciar hace unos años: en mitad de los estudios escénicos decidió que se iba a la India, o algún lugar de por allí, en bicicleta desde Murcia. Así, sin más, sin previo aviso ni alharacas. Y el hombre, que es inusual también en esto, realizó lo que decidió. Nos enviaba crónicas desde qué sé yo. Seguíamos sus andanzas con curiosidad, envidia, cariño, admiración y todas esas cosas. Luego volvió y como si nada, como si siempre. Al poco, en La azotea, cuando Alfonso Paso organizaba jornada literaria, Pepe iba y leía un capítulo de su diario de viaje, entre poemas y fragmentos de películas. Recuerdo todo aquello casi de forma onírica. Ahora le ha dado por sacar un libro con sus andanzas ciclistas y lo ha presentado hace poco en Murcia. Ha creado una página donde habla de la cosa, por si quieren visitarla. Un día de estos nos comunicará que se ha hecho astronauta, conductor deportivo o costurero; o que ha escrito una obra de teatro en código morse. Igual ya lo ha hecho y aún no ha decidido hacernos partícipes.



el principio de los días de playa

Roja y negra, con sus guardabarros. Sombrilla. Helado de yogur con fruta. Granizado de mango con maracuyá. Tienda de playa. Bebés en piscinas hinchables al borde del mar. Siesta bajo sombrilla. Cafetería frente al azul. Capellán. Pericana. Pulpo seco. Olivas amargas. Aceite y barquitos.
Durante unas horas quedamos suspendidos en el limbo de la felicidad.


La anterior se la robaron de dentro de su propia casa. Sic. Esta se la ha regalado su marido. Sabe lo que hace.
Cuando se fue aún no había caído la tarde del todo. El mar había tenido dos tonos inmiscibles.

enantiomería

A veces me llegan fotos de, con bicis. La gente que me conoce sabe. Estas dos de hoy son dispares, casi diría que enantiómeros. Una es blanco y negro; la otra, color. Una de día; la otra, de noche. Una, de carreras; la otra, de montaña. Una con un barbas; la otra, con un árbol. Una en Alicante; la otra, en Murcia. Una en la montaña; la otra, en la urbe.
La de la montaña rezaba así: Coronación de la Matahombres. Tomada sin resuello, imagino.
La de la urbe está tomada en los soportales del claustro de la concatedral de Alicante.
La primera, de G.
La segunda, de doble C.



A ambos, gracias.

conveniencia del reposo en la digestión

Dentro de poco hará un año que G. y yo no coincidíamos en una ruta. Así son las inercias en las que uno se mete, de forma consciente o no. Hoy, casi sin previo aviso, hemos vuelto a hacer una, esta vez por tierras murcianas. Hemos partido de su casa -La Albatalía- y nos hemos subido casi al Relojero; de ahí, por debajo de la autovía que une Murcia con Cartagena, hemos cruzado a la otra sierra, Carrascoy, y ahí nos hemos encaramado a la cima del Matahombres por la cara más, digamos, amable. Descenso vertiginoso luego y de vuelta a casa. La ruta es una preciosidad y tiene esa característica que tanto añoro en Alicante: la proximidad de la ciudad. Por el camino muy poca gente y los ciclistas que nos hemos cruzado, todos ellos de los que entrenan habitualmente. Un lujo. El descenso merece la pena verlo en vídeo. En la red hay varios colgados donde se aprecian sus curvas de casi 180º. Al regresar hemos hecho una parada técnica en el Ateneo huertano Los pájaros, al que hace mucho que no iba, un lugar maravilloso entre limoneros. 
El único pero que le encuentro a la ruta de hoy es que no me he encontrado muy bien subiéndola; quizás tenga algo que ver que he terminado de comer aquí una hora antes y lo he dado todo: de primero, la olla de cerdo con sus garbanzos, de los cuales no ha salido ni uno vivo; de segundo, el arroz y verduras, con su abundante coliflor; de postre, por suavizar algo, piña natural. El monte ha asistido esta tarde a un concierto sin par; el alivio de gases ha sido por chimenea, no por tubo de escape. Hay testigo.
Por orden cronológico:












Por la mañana había llovido pero no llegamos a encontrar barro. El aire estaba muy limpio. Cuando regresábamos la luz era la preferida.

azul dominante

Durmió allí. Y durmió bien.


Pero amaneció pinchada y hubo que repararla:


La zona se está convirtiendo en lugar de obligada visita:


A ello ayudará que las bicicletas del bueno de Juan, azules también, ya circulen por la ciudad:




Y más cosas que van a ayudar en breve:


disco song

Tras meses sin hacer ruta larga, hoy Fx y yo nos hemos lanzado a una empresa mayor, tan mayor que nos ha tocado corregirla por el camino. Corregir sobre la marcha, esa virtud. Ya llegará el momento de las grandes cabalgadas, cuando el cuerpo coja un poco más de fondo. Tampoco ha estado nada mal lo de hoy, unos 75 km, con subida hasta Castalla de por medio y bajada por la vía verde del Maigmó. Sólo un pero: la hostia que un servidor se ha metido en uno de los puentes de la vía, que le ha dejado la mano izquierda con unos cuantos gramos menos de carne... Nada grave; en todo caso será recordado con risas en el futuro. Como el accidente ha sido provocado por, entre otras cosas, el freno de disco, me he pasado buena parte del descenso recordando aquella disco song del inefable Jarvis. Esta tarde he vuelto a ella. Qué buena, por dios.
Por orden cronológico:













urbanismo postoperatorio

La Zeus salió del hospital. Algunas mejoras y, por desgracia, renqueos que no desaparecen. Esta vez toca urbe, distintas, y algo de tren. Y los esperpentos que tanto son de mi gusto y que me encuentro cuando voy con ellas, con ambas.