el ruido silencioso

A Pepe Bote, que así lo llamamos con cariño, le dio por cambiar un día los índices monetarios por las luces escénicas y pasó de estudiar en una facultad de económicas a la escuela de arte dramático, así, sin dramas ni aspavientos. Sacó su carrera de forma brillante y se puso a dirigir, a escribir, a actuar y a vestirse de huertana de cuando en cuando. Pepe es un tipo que no hace ruido; en realidad, no, pienso mientras escribo. Pepe es un tipo que hace un ruido sólo audible por determinados oídos, sería mejor decirlo así. Entre esos ruidos estuvo el que tuve la suerte de presenciar hace unos años: en mitad de los estudios escénicos decidió que se iba a la India, o algún lugar de por allí, en bicicleta desde Murcia. Así, sin más, sin previo aviso ni alharacas. Y el hombre, que es inusual también en esto, realizó lo que decidió. Nos enviaba crónicas desde qué sé yo. Seguíamos sus andanzas con curiosidad, envidia, cariño, admiración y todas esas cosas. Luego volvió y como si nada, como si siempre. Al poco, en La azotea, cuando Alfonso Paso organizaba jornada literaria, Pepe iba y leía un capítulo de su diario de viaje, entre poemas y fragmentos de películas. Recuerdo todo aquello casi de forma onírica. Ahora le ha dado por sacar un libro con sus andanzas ciclistas y lo ha presentado hace poco en Murcia. Ha creado una página donde habla de la cosa, por si quieren visitarla. Un día de estos nos comunicará que se ha hecho astronauta, conductor deportivo o costurero; o que ha escrito una obra de teatro en código morse. Igual ya lo ha hecho y aún no ha decidido hacernos partícipes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario