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el 3º C

La salida de ayer fue grandiosa en todos los sentidos. Zeus, cinco y poco de la tarde de un junio con temperatura ideal, bien dormido, cuatro horas por delante, etc. El resultado: unos quince minutos y a casa. Un mal cuerpo de aúpa, una mente que no tiraba un santo pedaleo y una astenia primaveral -vamos a llamarla así- del quince. Al regresar a casa no encontré ni las llaves de la misma. Sic. Adjunto documento fotográfico del cartel que me encontré en la pared del ascensor cuando, tres horas después de mi regreso, conseguí salir a la calle, esta vez a pie. Me presenté en el 3ºC sin saber qué buscaba pero convencido de que, fuera lo que fuera, el propietario de la pérdida era yo. Ante la lógica pregunta del vecino, ¿qué has perdido?, mi respuesta fue: no lo sé, pero seguro que es mío. Debió de ser mi cara de tal convencimiento que el hombre me sacó su hallazgo, mi bomba de mano que, oh misterio, oh Juan Tamariz, nada por acá, nada por allá, tachán, la portaba en el interior de mi mochila de rutas. Cómo logró huir la bomba de su celda y alcanzar, siquiera momentáneamente, una libertad condicional es algo que no logro desentrañar. Tampoco me preocupa mucho, la verdad. El relato es bien goloso sin entender del todo sus partes: la astenia, la gran evasión, el vecino al que no había visto en mi vida, la sintaxis perfecta y concisa de la nota, la q mayúscula, una bicicleta al fondo del pasillo de entrada del 3ºC, la desaparición de las llaves, la inminente aproximación del fuego.



Guardo la nota. Algo se me ocurrirá.




posidonia

Ando sin cámara en el móvil de nuevo. Va y viene. Más va que viene. El domingo conseguí sacar sólo una. Muy ilustrativa, eso sí. Primer baño de la temporada. Como vine a este mundo.


Peter Peregrinus de Maricourt

Te levantas y llueve. Y te vuelves a levantar y hace sol. Y una vez es una ciudad y otra es otra. Y frente a tu  puerta crecen bicicletas con el mismo color y el mismo nombre. Unas con su sombra, otras con sus gotas de agua.
No sólo las brújulas se imantan.







Dusty in Montnegre

Volví a cabalgar con la Zeus y abrí otra vía que nunca antes había hecho: subir el Montnegre. Subida de tela marinera, principalmente en la segunda mitad, a partir de la aldea. Día de romería en Alicante, de modo que la carretera vacía. Tiempo excelente. Esta vez no apareció ardilla alguna. Sí me crucé con lagartijas, o ellas conmigo. Tienen muchas formas de aparecer.
A la hora de la comida, al santuario con V doble pasando antes por Tibi -algún día habré de parar a comer allí, digo yo-. Luego, una caminata ligera al pantano de Tibi, espectacular con la luz, el silencio y la ausencia de gente. Aún me dio tiempo a regresar a casa antes de noche cerrada. En total, unos 50km y unas 4 horas y media.
Durante toda la subida me acompañó Dusty in Menphis y coroné, aleatoriamente, con su versión de You've got a friend, versión que no me satisface pero que me emocionó en la última cuesta: me llevó a tiempos pretéritos, tiempos de candiles.
Mientras fuimos al pantano, la Zeus quedó a resguardo dentro del templo. Devoción.
El circo Alaska ha llegado a la ciudad, por cierto. Me pareció ver que tiene tres pistas.











la fase previa

Ayer hicimos una ruta en coche que mentalmente la iba haciendo en bici. Mis grandes cabalgadas suelen tener un ingente trabajo previo de cabeza. Cuando llegue el momento, sea cuando sea, me acompañará la Zeus y la altimetría resumida será esta, para unos 90 y algo km: 0-723-453-788-429-341-0. Todo ello expresado en metros, que para algo somos de ciencias.
La provincia ofrece salvajismos.
En los 788 se puso a llover y ya no paró. Hoy ya no llueve.

de días antiguos

La Zeus apareció por partida doble: en la memoria de los antiguos escritos y en una imagen casi inquietante: una hermana en Madrid sin alteración alguna respecto a su nacimiento.

El escrito comienza así:

Querido:
Ahora que vives en el extranjero, nos vemos una vez cada dos años y hablamos dos veces cada uno por teléfono; ahora que el recuerdo de una década parece el recuerdo de otra vida; ahora que es lunes de madrugada en un octubre recién estrenado, estoy en Madrid —paradójicamente tu lugar de origen—, llueve con tranquilidad y la ciudad despierta poco a poco de forma ruidosa y fea, ahora te me apareces en forma de textos antiguos guardados por mor del prurito de archivo. Al azar, como siempre ocurren las cosas que no son casuales. Era mayo de 2004 y te escribí esto:
En días como estos te recuerdo mucho. La bici es como un detonante, un rebajador de la energía de activación que desencadena la reacción y ya fluye, sigue sola.
Completo, en La Crónica de El Pajarito.
La hermana de la villa y corte, en imagen nocturna, llegó de mano de Bé. Eterna inquietante gratitud.



humedad relativa

El verano, que se prometía tranquilo, se tornó tempestuoso por mor de la humedad relativa, ese intangible que todo lo gobierna y todo lo influye.


La primera es de cómo uno trasporta como puede, valgan las metáforas. Flores para mamá, sin metáforas. La foto de J. V. que por allí pasaba.
La segunda, de cómo algunos consiguen lo que yo no: meter su bici en el mercado central de Alicante y hacer la compra con ella. Coincidimos en el mismo puesto. De Alemania vino en ella, me dijo el verdulero. Un solo plato y tres o cuatro piñones. Quería venir en bici el hombre y ya está. Querer.
La tercera es de P., con el que coincido a menudo a las puertas del templo. Junto con la Zeus, es la única que queda con asiduidad por estas calles de aquellos años. Quedaba una más, pero al pobretico mío se la robaron hace poco y él se quedó sin bici y yo sin fotografía.
La última, con el objeto del delito por montera. El vaso de los mojitos del último caballero Jedi.




cova con Fe

Parece una cava, o una cueva, o un refugio. Quizás todo eso junto. A la sombra, al abrigo de los calores, ahí pernoctará este verano la Zeus, en el centro del tifón, donde menos se mueven las cosas.








en capilla

Quedan días. La Zeus ha visto la evolución estos últimos meses. Casi inquieta.





aware

Me gustaban más los billetes antiguos, los que no iban por zonas. Pero eso no significa que estos me disgusten. Me gustan sus colores y sus números en el envés. La de la semana pasada, jueves, me llevó a bajarme en la parada de Albatera -su cuarto de baño, donde me cambié, es primoroso: amplio y limpio siempre-. De ahí emprendí camino a Murcia, primero por la nacional y luego por la mota del río. Voló la Zeus de nuevo.








e il naufragar m'è dolce in questo mare.

La bicicleta también aparece en monumentos más o menos "acertados" dentro de las urbes. El primero es frente al Palacio Almudí, en Murcia. El segundo, de mano amiga, es la Playa de San Juan, con el resultado del viento de aquel día. Y el tercero es un claroscuro que me encanta, un pasillo a lo Leopardi.