Toda
mitología requiere de escenarios adecuados; bien lo sabía Tolkien, por poner un
ejemplo. Los que aquí siguen se corresponden con ubicaciones capitales para el escribiente. Las dos primeras, de Murcia y las siguientes, de Alicante. Y esta vez no las nombro, por aquello de alentar la mitomanía. Todas de este invierno.





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