Esta vez la ruta fue la de aquel día con unas pocas variantes muy significativas: añadí el regreso a casa, o sea, unos 20 km más; la hice con la Lapierre, lo que me permitió ir sobre ella casi toda la ruta; y, finalmente, significó la despedida de mis guantes de verano sempiternos, los míticos Banesto. Total, unas 4 horas y media pedaleando y sudando: era el primer día de septiembre.
Los guantes antes de salir del mesón Maigmó:
Ya metido en harina:
Y parando a repostar antes de emprender el último tramo de regreso:
Las grandes rutas van a tener que esperar un tiempo: la Zeus y esta se van al taller, y yo, de gira.








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