otros gritos

Ya se ha convertido en tradición -o aquí con la Zeus- para mí hacerla en verano desde que aprendí a subirla, que no siempre supe. Este que nos ocupa esta siendo calamitoso a nivel deportivo, de modo que la ruta de hoy era un ejercicio de riesgo. Finalmente ha salido bien y el pequeño inconveniente que ha surgido de regreso se ha solventado por la vía tradicional: supermercado, líquido y chocolate con almendras. Más adelante, en pleno proceso de conversión de las cadenas de carbono en ATPs, unos gritos a dos coches han terminado de activar la maquinaria de liberación de adrenalina, la constricción de las tuberías sanguíneas, la elevación de la presión arterial y todo lo siguiente. Por el camino, ya ven, también disfruto pensando en bioquímica. Respecto al gritar, no todo ha de pasar por la cosa existencialista de Edvard. Otro día lo abordo desde el humor, espero.











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